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Crisàlide incorpora el trabajo corporal para reforzar la recuperación de las adicciones

Durante 2026, el “Centro de Día Crisàlide” de la Fundación Salud y Comunidad (FSC) ha seguido avanzando en la actualización de su modelo de atención a las personas con problemas de adicción. Como parte de este proceso de mejora, el servicio ha incorporado de forma más específica el trabajo corporal dentro de su programa terapéutico, ampliando así una intervención que ya integra aspectos cognitivos, emocionales, creativos y experienciales.

La evolución del programa responde a la voluntad de adaptar la atención a las necesidades reales de las personas usuarias y de continuar enriqueciendo el acompañamiento a partir de la experiencia profesional acumulada. A lo largo de más de 35 años de trayectoria, el centro ha ido revisando metodologías, incorporando nuevos recursos y ajustando sus propuestas para ofrecer una intervención cada vez más completa.

Una parte importante del trabajo desarrollado históricamente en Crisàlide se ha centrado en el ámbito de los pensamientos y las emociones. Durante el proceso terapéutico se trabajan cuestiones como las creencias personales, la toma de decisiones, la identificación y gestión emocional o el reconocimiento de determinadas conductas y estrategias que pueden estar dificultando el bienestar y la recuperación.

Junto a este enfoque, el servicio también ha dado un espacio relevante a las metodologías creativas y vivenciales. Estas propuestas permiten acercarse a determinados contenidos desde otras vías, favoreciendo la expresión personal, el conocimiento de uno mismo y la posibilidad de ensayar nuevas formas de afrontar situaciones complejas.

Este tipo de herramientas se integran con las técnicas terapéuticas habituales, que continúan siendo una parte esencial de la intervención. La combinación de diferentes metodologías permite ampliar las posibilidades de trabajo y responder de una forma más flexible a las distintas necesidades que pueden aparecer durante el proceso de recuperación.

Incorporar el cuerpo a la intervención terapéutica

Una de las principales novedades impulsadas durante 2026 ha sido prestar una atención más específica a la dimensión corporal.

Desde la experiencia del equipo profesional, se observa que las situaciones vitales difíciles no afectan únicamente a la forma de pensar o al estado emocional. El cuerpo también puede manifestar las consecuencias del estrés, la ansiedad, el miedo, la tensión o determinadas experiencias traumáticas que pueden estar relacionadas con las historias personales y con los propios procesos de adicción.

Incluir el cuerpo dentro del trabajo terapéutico permite, por tanto, ampliar el conocimiento que cada persona tiene sobre sí misma y prestar atención a sensaciones, reacciones y señales corporales que pueden aportar información relevante durante la recuperación.

Esta perspectiva contribuye a entender a la persona de manera más global y a ofrecer nuevas herramientas que complementen el trabajo que ya se realiza en otros ámbitos.

Diferentes herramientas para un proceso complejo

Los procesos de recuperación de las adicciones suelen estar atravesados por múltiples factores personales, emocionales, familiares y sociales. Por ello, en Crisàlide se apuesta por una intervención que permita aproximarse a esta realidad desde diferentes perspectivas.

La incorporación de actividades corporales se suma así al trabajo cognitivo, emocional, creativo y experiencial que ya forma parte del programa.

El objetivo no es únicamente proporcionar conocimientos o recursos teóricos, sino generar espacios en los que las personas puedan experimentar de manera directa otras formas de relacionarse consigo mismas, reconocer respuestas que ya no les resultan útiles y descubrir alternativas que puedan incorporar progresivamente a su vida cotidiana.

En este sentido, el aprendizaje se construye también desde la propia experiencia. Probar, observar, identificar cambios y desarrollar nuevas estrategias forma parte del proceso de adquisición de recursos personales para afrontar situaciones de riesgo, malestar o dificultad.

Contenidos que se trabajan desde diferentes espacios

El programa de Crisàlide también se caracteriza por abordar determinados temas de manera transversal.

Esto significa que una misma cuestión puede aparecer en distintos espacios o actividades, pero trabajada desde enfoques diferentes. De esta manera, las personas participantes tienen la oportunidad de volver sobre determinados contenidos, relacionarlos con nuevas experiencias y profundizar en aspectos que quizá no habían podido identificar anteriormente.

Este planteamiento favorece una comprensión más amplia de los aprendizajes y permite establecer conexiones entre los distintos ámbitos del programa.

Además, contribuye a que los espacios terapéuticos no funcionen de forma aislada, sino como partes complementarias de un mismo proceso de acompañamiento.

Mejorar desde la experiencia

La evolución experimentada por el programa durante 2026 no se limita a incorporar nuevas actividades. Forma parte de un proceso más amplio de revisión y mejora continua del modelo de intervención.

Para el equipo del “Centro de Día Crisàlide”, avanzar en la calidad de la atención implica analizar la práctica profesional, valorar los resultados, aprender de la experiencia cotidiana e identificar aquellos recursos que pueden resultar útiles para las personas atendidas.

La incorporación del trabajo corporal responde precisamente a esta forma de entender la intervención: un modelo abierto a evolucionar y a integrar nuevas perspectivas cuando estas pueden contribuir al bienestar y al proceso de recuperación.

Con estos cambios, Crisàlide continúa reforzando una atención que sitúa a la persona en el centro y que trata de abordar las adicciones desde una mirada amplia, integradora y conectada con las diferentes dimensiones que forman parte de la experiencia humana.

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